Perros blancos – II

Intenté olvidar aquella estampa. No valía ahora la pena amedrentar mi mente cansada con miedos infundados. Aquella selva transmitía una calma inquieta, el olor a tierra húmeda y la brisa nocturna salpicaban todos los rincones. Intenté orientarme viendo hacia un lado y hacia otro, el ardor en los ojos era insoportable.

El maldito canto de los pájaros esa mañana provocó que mi mente divagara hacia aquellas mañanas en las que me despertaba en casa y me esperaba la mitad de una naranja espolvoreada con azúcar.

¿ Cómo era ese sabor ? Sabía como a…

A punto estaban mis papilas de volver a experimentar la dulce experiencia, cuando de repente algo quemó mi brazo derecho e instintivamente, lo encogí sobre el pecho e intenté con la otra mano proteger la herida. ¡ Mierda ! Debí de suponerlo.

Perros blancos – I

Perros blancos – III

Perros blancos – IV

2 Responses

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